Kioto: la UE se aleja de sus compromisos

    La UE debería haber reducido un 8% sus emisiones en 2012, en relación con las cifras base registradas en 1990. Sin embargo, entre 1999 y 2004 sólo consiguió emitir el 1% menos. En los quince antiguos Estados miembros las emisiones subieron en 2004 un 0,3% de media. Pese a ello, la reducción total respecto a 1990 se situó en un 0,9%, cifra que en cualquier caso está lejos de la meta de bajar un 8% entre 2008 y 2012. Para los nuevos Estados no hay un objetivo colectivo.


    A pesar de que, de todos los Estados miembros, los que más emisiones lanzaron fueron Alemania, Reino Unido, Italia, Francia y España, el ránking de mal comportamiento en cuanto a consecución de objetivos, fue distinto. Los clasificados en los puestos más bajos fueron los países mediterráneos. Y España, con diferencia, fue el peor. Entre 2003 y 2004, el volumen de emisiones en España aumentó 19,7 millones de toneladas (4,8%), mientras que Italia, segundo por la cola, lo hizo en 5,1 millones (0,9%).


    La subida de emisiones en España se debe sobre todo al dióxido de carbono (CO2) generado por la producción de electricidad y calefacción (8,9 millones de toneladas). Ello fue consecuencia, según la Agencia, de la sequía de 2004, que provocó un déficit de la energía hidroeléctrica y un aumento de la producida con combustibles fósiles para compensarlo. También aumentaron las emisiones generadas por el consumo energético en otras industrias (3,4 millones de toneladas), el transporte por carretera (+3,3 millones), y la producción de hierro y acero (2,2 millones).


    Con estas cifras, España se aleja cada vez más de los objetivos del Protocolo de Kioto -firmado por 140 países- que le corresponden, según el reparto interno decidido en la UE.


    Los alemanes, por el contrario, al menos lograron reducir sus emisiones en un 0,9% (9,1 millones de toneladas), a consecuencia, eso sí, del cierre de numerosas fábricas en la antigua Alemania del este y a un cambio de dirección estratégico en su política energética, que favorece ahora a las fuentes renovables. Los alemanes son, pues, los que más cerca estarían de su objetivo nacional para con Kioto: reducir emisiones en un 21%.


    Reino Unido debería, asimismo, poder cumplir con su propio umbral (-12%), al haber hecho disminuir en un 14% su nivel, substituyendo gas por carbón en las centrales térmicas. El problema es que una vez llevada a cabo la acción, Londres podría ver de nuevo sus emisiones al alza. En efecto, el precio del carbón ha aumentado mucho menos que el del gas, lo que hace ganar en atractivo para los productores de electricidad. En cuanto a Francia, también estaría bien encarrilada para la consecución de su objetivo, que es del 0%. Pero los franceses lo tendrían complicado para continuar de este modo, teniendo en cuenta los planes de puesta en marcha de centrales en los próximos años.


    En general, Europa debe moverse rápido si quiere respetar los objetivos impuestos por el Protocolo de Kioto. Es el único modo de reforzar su credibilidad en las negociaciones internacionales una vez que haya que prolongar el acuerdo más allá de 2012. ¿Convencer a China, India o Brasil para que se comprometan cuando los europeos no respetan sus propias promesas? Por ello, la Unión adoptó en marzo de 2005 un objetivo de reducción de emisiones para los países desarrollados de entre el 15% y el 30% para 2030 en relación con 1990, lo que exigirá un esfuerzo proporcional.


    El incremento en la UE-15 se debió a un mayor volumen de emisiones de CO2 del transporte por carretera, la producción de hierro y acero y el refinado de petróleo, así como a los hidrofluorocarbonos del aire acondicionado y la refrigeración. En el lado positivo, bajaron las emisiones de CO2 de los hogares y los servicios y de la producción de electricidad y calefacción, y las de metano de la agricultura y la minería.


    El comisario europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas, lanzó un llamamiento a los Estados miembros para que ‘intensifiquen los esfuerzos’ a la hora de aplicar todas las medidas comunitarias de lucha contra el cambio climático. En este sentido, destacó la importancia de que los planes nacionales de asignación de emisiones para el periodo 2008-2012 fijen límites estrictos a las emisiones de las industrias más contaminantes. Los Estados miembros tienen que enviar a la Comisión Europea estos planes antes del 30 de junio, y Bruselas tiene tres meses para aprobarlos o exigir cambios.


    Los generosos permisos de emisiones que concedieron los países de la UE a sus industrias para el periodo inicial del comercio de emisiones provocaron una caída del precio del carbono y un funcionamiento peor del previsto de este sistema, que pretende reducir las emisiones de la forma más rentable posible.



  • Fecha de la noticia: 2006-06-27
  • Fuente: Apecyl
  • Ambito: Local
Activar notificaciones No, gracias